top of page

Retrato de una madre en fuga

  • uribediana70
  • hace 19 horas
  • 3 Min. de lectura

Todos creen que lo más hermoso que le puede pasar a una mujer, es ser mamá. Después de todo lo que me ha pasado no estoy tan segura de que sea verdad. Ser madre está profundamente relacionado con el dolor. Lo he experimentado de adentro hacia afuera, y viceversa. Duele todo. 


Un día se me ocurrió decir esto delante de un grupo  de mujeres, casi me matan. “¿Cómo se te ocurre si un hijo  es lo más bello del mundo, si la maternidad es la experiencia más transformadora que puede tener una mujer?”   Se lo digo a usted, todo este tema lo he mandado a la mierda.  


Me arrepiento profundamente de haber tenido estos dos hijos. Si pudiera volver al pasado me hubiera operado a mis quince años, y no me habría embarcado en semejante aventura. Ellos eran mellizos, nacieron a mis diecinueve años. Me casé a los dieciocho y en menos de un año estaba criando y velando por estas dos personas. El embarazo fue duro, tuve vómito hasta los siete meses. Después de la cesárea quede como un palo de escoba, con anemia, poco cabello, mis dientes manchados y mi cuerpo de flaca   - con buenas medidas- quedó lleno de estrías en los senos, la barriga y las piernas. Tengo sesenta, y solo una vez en mi vida use bikini. La crianza de los chicos fue traumática, mi esposo hacía lo posible por sostener la familia y yo vivía buscando siempre dinero adicional para sobrevivir. 


Los niños estuvieron bien hasta los tres años, después tuvieron complicaciones propias de esas enfermedades, que llaman “huérfanas". Pasé mucho tiempo en el hospital sin dinero suficiente, rebuscando  la plata  para pagar todo aquello que la hospitalización no cubría. Cada día   esperando un diagnóstico, entre procedimientos y cirugías. Vaya señora, venga señora. 


La relación de pareja no soportó tantas tensiones.  Me separé. Mejor sola, que mal acompañada. Él y nada es lo mismo. Ahora no dependo de nadie, vendo café y cigarrillos en el parque.  Recibo algo de asistencia del municipio, que para algo alcanza.  Me dice usted “¡vamos señora, póngale ánimo a la vida que es muy hermosa…!”


Uno de los niños murió. El otro quedó en silla de ruedas. Así ha pasado el tiempo. El tinto, los cigarrillos, el pan y las empanadas me permiten vivir. Mi hijo tiene ahora cuarenta y dos años, tiene una enfermedad mental y como si  fuera poco,   un complejo de inferioridad que lo único para lo que sirve es para fumar. Con frecuencia me maldice, me grita, dice que quiere morirse, exige que le traiga lo que quiere. Lo odio, detesto ser madre. ¿Qué hay de honorable y hermoso en esto? Dígame, ¿Qué debería inspirarme? 


Hoy no he vendido mucho. 


Para no ir al inquilinato y ver ese lagarto de hijo que tengo, estoy pensando en hacerme un cambuche cerca al río. ¿Sabe? Hubo un tiempo, cuando era una flaca escultural y bella, que anhelaba entrar a la universidad y estudiar química, conocer al pie de la letra los elementos de la tabla periódica, hacer mezclas, conocer los procesos de transformación de la materia. Ahora todo se ha ido. No tengo esperanza,  y sí, me arrepiento de todo corazón de haber sido madre. 


    

Imagen de mujer mayor en un parque, creada por IA
Imagen de mujer mayor en un parque, creada por IA

 
 
 

Comentarios


Post: Blog2_Post

©2021 by Diana Giraldo. Proudly created with Wix.com

bottom of page