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Muy Santos

  • Foto del escritor: Diana María Giraldo
    Diana María Giraldo
  • 16 ago
  • 3 Min. de lectura

Consejos de la santa madre:


“Santidad para Dios, no se vista así, no provoque la mirada de los hombres, no sea piedra de tropiezo para los santos varones de Dios que no pueden alabar a Dios por estar viendo sus curvas y sus movimientos seductores. Ore, ore y ore. Entre más tiempo pase arrodillada en oración, más santa será usted. El mundo y la iglesia están así de mal porque no oran, no buscan a Dios ni leen su Santa Palabra. Voy a botar ese televisor y esa grabadora, lo que yo siento de Dios es que todo eso hay que sacrificarlo para no perder el alma.  Boté a la basura, esa morcilla que trajo Rosa Inés. No como morcilla, Dios abomina esos alimentos, Dios es Santo. No provoque a ira al Señor. Arrepiéntase y pídale al Santo que la perdone y la libre de tentación.  El Diablo es mentiroso, seductor. Hay que orar, orar sin cesar. La carne es débil, ayune mijita, ayune… sacrifique la carne. Dios va a traer a su vida un hombre santo.”


El hombre santo llega.


“Yo la amo a usted porque usted si es una mujer seria, consagrada a Dios y a su servicio. Yo me convertí el año pasado. Fui un hombre muy mujeriego, bebedor, aunque trabajador y he sostenido a mi madre con el sudor de mi frente. Ahora me quiero casar con usted. Como estoy saliendo de viaje a llevar la Santa Palabra de Dios a los pueblos, usted tiene que quedarse aquí en su casa. Nada de ponerse pantalones, ni shorts, ni blusas escotadas, ni vestidos provocativos. Le voy a dejar una platica para que le pague a Doña Inés para que le arregle esas faltas que le quedan cortas. Acuérdese de que tenemos que ayunar los lunes, miércoles, viernes y domingo. Cuento con eso. Si puedo la llamo, usted sabe que en los pueblos a veces es difícil la comunicación. Sus hermanas y su mamá, aunque van a la iglesia, son medio libertinas. Prométame delante del Señor, que usted no va a salir con ellas, y lo que más le pido ahora que nos vamos a separar estas semanas, es que me asegure (no que me jure, porque jurar es pecado delante de Dios) que usted no va a ir a cine. El cine, como la televisión, como la música, son herramientas de Satanás para hacernos caer en pecado. Lo que más me gusta de usted es que es una mujer hacendosa, piadosa, sujeta a mí, que seré su marido hasta que la muerte nos separe. ¿Qué si se puede afeitar las piernas y las axilas? No mija, quien le dijo eso. Así como usted es sin maquillaje, y sencilla es que me gusta. Hágame caso, yo anduve con muchas mujeres, y las que se dedican mucho al maquillaje, a la moda, al cuerpo y a todas esas cosas, son mujeres muy mundanas, solo les interesa lo externo. Usted sin maquillaje, sin afeitarse, sin echarse carajadas en el cabello, con sus falditas y las blusas que la cubren bien, así es que yo la quiero.  Quédese en su casita, que tan pronto como pueda yo la llamo. Ojalá que si esté, y me conteste juiciosa el teléfono para que no tengamos problemas. Yo le voy a ser fiel, solo le pido que me haga caso en todo esto que le estoy diciendo.”


 

 

 
 
 
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