Alba Paloma
- Diana María Giraldo

- hace 7 días
- 2 Min. de lectura
"Este hombre yo lo mato y lo pago en la cárcel", decía. Era su esposo, se casó joven, sin terminar sus estudios y con el mandato de amar y obedecer a su marido hasta que la muerte los separe.
Era un experto en humillar, en usar diversas expresiones para denigrarla. Sus palabras eran sus armas de destrucción.
Tuvieron dos hijos, lo más valioso que el hombre tenía y a quienes entregaba todo lo que él era. Su esposa no tenía valor. En sus palabras ella era “una inútil, fea, despreciable, poca cosa, una bruta… lo mejor que has hecho son este par de muchachos, nada más”
Su padre le aconsejaba “mija sepárese de ese hombre, y regrese a su casa. Yo me encargo de usted y de sus dos hijos, usted no tiene por qué aguantar tanta humillación” Mientras tanto su madre, le animaba “mija, aguante, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, Dios sabe, Dios si ve lo que le pasa, no la va a dejar para siempre sumida en esta situación”
El hombre se compró una casa de tres pisos, era el único dueño. Todos los fines de semana, se embriagaba hasta quedar sin conocimiento. Uno de esos domingos, amaneció muerto. En medio de la borrachera sufrió un infarto.
Y como dice el refrán “el muerto al hoyo y el vivo al baile”. Ella no lo lloró, agradeció haberse mantenido ahí, al lado de ese hombre cruel. Ahora era dueña de la casa y como viuda, la dueña de la pensión de su esposo. Supo que merecía todo esto, que había soportado, pero también había hecho lo mejor por esta familia. No importa que no hubiera recibido amor, el dinero ahora era mucho consuelo para ella.
Hoy después de haber meditado en su quebranto y dolor; es una mujer sana, feliz, libre. Agradece a Dios que la guardó de cometer un crimen, no tuvo que pagar una condena en la cárcel de mujeres, no abandonó al padre de sus hijos. Dios que sí ve, que sí sabe, le dio lo que por años le había sido negado.
Le encanta bailar. No se pierde ningún paseo. Aprende cosas nuevas en los grupos de mujeres de la comunidad. Decora su casa con las manualidades que hace en los diferentes talleres que se inscribe. A veces, la gente la ve cantando por la calle “Y me siento libre, libre, libre… y me siento mágica, alta como un pájaro, aspirando oxígeno. Libre, libre, liiiibree”









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