Me too
- uribediana70
- hace 12 minutos
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Sé de qué me hablas. Mi historia tiene mi nombre, pero no es solamente mía. Hay demasiadas mujeres que podrían terminar esta historia reconociéndose en ella. Quizás durante mucho tiempo no tuve palabras para llamar a aquello por su nombre. Hoy sí las tengo. Y nombrarlo también es una manera de dejar de cargarlo en silencio.
Solo tenía cuatro añitos y las manos de un indeseable tocaron mi cuerpo de niña. Me vestí de vergüenza, de culpa. Esencialmente es lo que le pasa a las víctimas. Y no te cuento, lo difícil que es quitarse esas vestiduras inmundas de encima. Tengo más de cincuenta años y aún lucho con todo el malestar que me dejó esta experiencia.
Era adolescente. Mi cuerpo tomó forma, bellas curvas eran ahora su nueva apariencia. No me escapé de las miradas morbosas, los piropos sucios, y los malditos toques callejeros de tipos que pasaban y aprovechando la soledad de un andén, mandaban la mano para tocar lo ajeno, lo sagrado. Mis senos, piernas y nalgas no quedaron inmunes. Fui una colegiala abusada.
Tampoco me escapé de hombres de fe, honorables, respetuosos, de buen nombre. Uno de ellos me tomó a la fuerza y mordió mi oreja. Cuando fue confrontado, lo negó, no pidió perdón y entonces yo fui una abusada más y él, un invisible más en la lista de los acosadores. Otro hombre, vestido de sotana, esculcó con morbo mi vida para saber de cuales pecados debía absolverme Dios.
Hubo otros momentos.
Y no me digan que era la ropa que llevaba puesta que los excitaba, pues un uniforme debajo de la rodilla no tiene nada de seductor. No fue un comportamiento insinuante, pues tenía tanto dolor que lo menos que buscaba era intimidad física. Sí un consejo, sí una palabra amiga…La vergüenza nunca debió ser mía.
A mí también. Durante años mi cuerpo guardó lo que yo no pude decir. Hoy soy yo quien decide contar la historia. Y escribo para decir que no más, ni una más, y que todo lo que se pueda hacer para que no suceda, hay que hacerlo. Mi historia lleva mi nombre, pero no es solamente mía. Es tuya, de esa, de aquella. Es nuestra. Hay libertad en nombrarla.
Sueño que en el ámbito de lo público y de lo privado cada una tenga la bendición de ser respetada, de sentirse segura, de ser tratada con la dignidad que merece, y que ninguna mujer y por supuesto, ningún hombre tenga que decir “me too”.





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