Las resoluciones de Jean Eyre
- uribediana70
- hace 1 día
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Inspirado en el libro de Charlotte Bronte
Dicen que soy precursora del feminismo. No lo sé pues no entiendo mucho sobre el tema. Intento ser una mujer coherente con lo que soy, con lo que creo. Sé bien quien soy. Mi espíritu se inclina por aquellas actividades que me llevan más allá: la razón, la dialéctica, la literatura, el arte. Por supuesto, me seducen los sentimientos, el romance y el amor. Me impulsa la justicia, la verdad, la bondad. Son mis brújulas y casi todo lo mido con estas varas.
Siendo niña, mi tía política me acusó de ser alborotadora y mentirosa. Me atreví (cosa mal vista para las niñas de cualquier época) a confrontar esa vil mentira. Yo solo me defendí de mi primo que era un acosador, cruel y malvado. Soy huérfana y esa condición me llevó a saber que no podía esperar mucho de la vida y que lo bueno o lo malo que me llegara, sería fruto de mis resoluciones. Y siendo solo una niña, esto decidí: Respetarme y no permitir que nadie me manipulara, acusara o jugara conmigo. Si me conocieras querido lector, verías una mujer sencilla, simple. Ni siquiera tengo algún atributo físico que me haga destacar entre otras mujeres. Por eso mismo, también me empeñé en cultivar mi ser interior. Si en algo tendría éxito sería basado en mi fortaleza como persona, como ser humana.
Aunque me enamoré, no permiti que los lujos y las excentricidades de mi amado Edward me arrastraran. Y esta fue otra de las decisiones más importantes que tomé: No me dí permiso de dejar que mis pasiones me sometieran. Solo con el favor de la Providencia, tuve la determinación para limitarme a mi misma y a mi Edward. Decidir esto, me generó tensiones, incomprensiones Pero primero lo primero. Estando libre de distracciones banales, por demás, decidí siempre tener el coraje de escuchar a mi corazón, esto es, simplemente, ser fiel a mi misma. No todos lo comprendieron, no estuvieron de acuerdo, pero no importa, me valen mis convicciones, la fuerza de voz interior. Con todo esto mi vida se veía completa, segura.
Solo había algo que hacía ruido en mi alma: Era mi condición económica, desprovista del dinero necesario para procurarse una vida sencilla pero digna. Ello me llevó a comprender que el trabajo dedicado, serio, honesto era el camino para asegurarme autonomía y libertad. Mi labor como institutriz me bendijo y me permitió aquello que tanto deseaba.
No puedo, si quiero ser honesta como me esfuerzo por serlo; ignorar la mano de Dios sobre mí. Aunque he sido fuerte, decidida y coherente; ha sido el Dios Soberano en quien he puesto mi fe, quien me ha sostenido y de formas sorprendentes ha bendecido mi vida y me ha dado toda la libertad de la que disfruto como mujer. Puedo decir que soy libre, y eso puede ser que representa aquello que se llama feminismo.





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