Desde Bellavista, desde el más allá
- Diana María Giraldo
- 20 jun
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 6 jul
Fernando me amaba. Yo no tanto, como él a mí. Pero, sí, lo quería mucho. Llevábamos un año viviendo juntos. Buscó mi bienestar en todo lo que pudo. Trabajaba como transportador de carga y le iba muy bien con su tractomula. Fue un tiempo tan bueno, que adecúo el apartamento con todas las cosas necesarias (más de las que yo tenía en la casa de mi mamá) Realmente, me deslumbró con tanta comodidad y belleza.
Por su trabajo viajaba con frecuencia fuera de la ciudad. Se iba por días y yo me aburría. Él me llamaba por teléfono hasta quince veces al día y me controlaba a larga distancia.
Don Reinaldo era nuestro vecino, estaba pendiente de mí y reparaba cualquier daño en el apartamento. Me enredé con él.
Esta tarde Fernando regresó y nos encontró juntos. Sacó el revolver y le dio dos tiros. A mí me vació el resto del tambor, gritando ¡puta!
Hablo desde el más allá, siento el dolor inmenso de Fernando, lo veo solo en su celda. Paga una condena de amor.

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