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Simón, el hijo varón

  • uribediana70
  • hace 4 horas
  • 1 min de lectura

Se despierta con pesadillas, con el rostro mojado bañado en su propio sudor. Tiene más de cuatro décadas encima. No lo habla con nadie, él es todo un varón que deja la piel en el pavimento demostrando su hombría. Que nadie le diga que es un maricón, porque eso no lo admitiría ni ante el mismo Dios.  Tiene que comportarse como  un hombre, así como le exigía su papá cuando era niño.  Recuerda con ira ciega, ira mala, ira que le acelera el corazón; las palizas que el gran varón  le propinaba a él.  


Era pequeño, y cualquier muestra de debilidad era corregida como se debe: le bajaba el pantalón y con la correa o con la mano llena de rabia le daba palmadas, correazos  en sus nalgas – ignorando los ruegos de su mujer que le suplicaba que se detuviera. Gritaba, afirmando “Usted es un macho, deje de llorar como niña, en esta familia todos somos hombres  de verdad, tome pa´que aprenda. Y así sin parar, sin respirar castigaba a su hijo para que fuera un varón.  


Cuántas veces sucedió, no lo recuerda. Creció siendo un mujeriego, pero amando en silencio a otro, a otros. 


Paga para que cuiden a su viejo, al miserable que se le aparece en cada pesadilla, al que le obligó a ser un gran varón. 


Hombre recordando, pensando
Hombre recordando, pensando

 
 
 

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